VOCES? NO. MÚSICA!!

                 Uno de los síntomas más conocidos y más frecuentes de la Esquizofrenia es lo que usualmente se denomina “oír voces”.  La gente que padece este trastorno suele resultar muy condicionada por el mismo, dado que suele interpretar que es algún tipo de “ente” superior, o una fuerza a la que debe obedecer, para satisfacer las “órdenes” que nos da, o simplemente para que no nos ataque, torture, o haga sentir mal. Es decir: a menudo se les obedece tan sólo para acallarlas. Es muy frecuente que este síntoma, y el resto que suelen ir aparejados con este grupo de enfermedades, produzca en el individuo un sufrimiento muy intenso, ya que, al partir del inconsciente (eso creo), conoce nuestros miedos, inseguridades, puntos débiles… mejor que nosotros mismos (de forma consciente, al menos), por lo que sus “ataques” son especialmente lacerantes y crueles.

 

                En este aspecto me puedo considerar un gran afortunado. En mi familia, la Música es un a modo de Religión. También la lectura, las ciencias, artes, el buen cine… pero ante todo la Música. Opino que no existe disciplina tan placentera y elevada como escuchar e interpretar música, de cualquier época, género, estilo, manifestación… aún recuerdo cómo, de pequeño, en casa de mis padres, mientras mi madre limpiaba el salón, escuchaba en la TV la ópera “El Barbero de Sevilla”, de Rossini. Yo debía ser muy pequeño, pero al pasar por allí, esa Música maravillosa hizo un hechizo en mí, me captó de alguna manera, y me llevó casi sin darme cuenta a tumbarme en el sofá a escuchar esas voces “buenas”, que no procedían de mi mente enferma, sino de una gran orquesta y unos cantantes prodigiosos.

 

                Yo estaba hipnotizado. A tal punto que, mientras disfrutaba de la obra, mi mente y mis sentimientos volaban, lejos de allí, pero sin perder ni un matiz, ni un acorde, ningún elemento de ese telar sonoro que provocaba sentimientos tales en mi joven personalidad. Finalmente, la obra finalizó, si bien no sabría decir si duró una hora o un segundo. Sé que dejó una huella indeleble en mí, en todos los sentidos. Y a partir de ese momento (o quizá antes, aunque no me diera cuenta), casi todo el tiempo de mi vida ha estado acompañado por un ritmo, una melodía, un tema, una armonía… no pasa segundo del día en el que no escuche música, dentro o fuera de mi cabeza. Y a menudo, mi cuerpo se balancea a su ritmo, o necesito medir el compás de la misma, o desentrañar la melodía para solfearla… NO PUEDO EVITARLO, Y ES MUY PLACENTERO. Por eso puedo afirmar sin lugar a dudas que soy un gran afortunado.

 

Comentarios

  1. Gracias por compartir

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  2. La música es siempre una buena opción, y muy beneficiosa sin duda.

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