LOS ÁRBOLES Y EL BOSQUE

 

                Hace unos cuantos años (debía correr el 1991), me hallaba junto con mis compañeros de clase, y futuros mejores Amigos (aunque entonces no lo sabía) en un Aula de la Universidad Autónoma de Madrid, concretamente en la Facultad de Filosofía. Pretendía yo entonces formarme como Filósofo (con Mayúscula), a base de cursar dicha Licenciatura.

                Se trataba de la primera clase de la Asignatura de Metafísica, mi preferida. El profesor, el bueno de Echandía, propuso que escribiésemos una pequeña redacción a partir de la expresión: “Los árboles no dejan ver el bosque”. Algo garabateé, lo leí en alto… y parece que gustó. La verdad es que en aquel entonces no lo valoré mucho. Tuve la impresión de que no me había esforzado especialmente, y que por ello el resultado no era gran cosa; ahora lo achaco a un síntoma casi universal entre las personas que padecemos algún tipo de trastorno o enfermedad mental (y por desgracia, entre gran parte de la población): la FALTA DE AUTOESTIMA.

                Así es. Yo estaba acostumbrado a que, si hacía algo bien, no tenía mérito, pues era fácil. Y si lo hacía mal, se debía a que soy un desastre, un inútil, un vago, un torpe… Con los años, y décadas de terapia, creo haber descubierto una de las causas, quizá la principal. Resulta que en mi familia, las figuras por excelencia son mi Madre y mi Padre. En ese orden. Se quieren a rabiar, son superinteligentes, cultos, bondadosos, generosos, entregados, dispuestos a ayudar a quien haga falta… Como diría Antonio Machado, son “En el buen sentido de la palabra, BUENOS.” Demasiado buenos, me atrevería a afirmar.

                Haciendo un inciso, quiero exponer una simple lección que espero haber aprendido de la vida: los niños aprenden LO QUE VEN, NO LO QUE LES DICES!! Es por ello que tendamos a imitar, como primates que somos, las conductas, actitudes, modos de pensar, etc. de nuestros mayores, principalmente padres y madres. Así, he observado que mis padres ayudan y justifican por defecto, sin pararse a pensar si es necesario o conveniente (Ahí pesa más mi querida Madre). Y también que no hay momento para el descanso, la diversión o el esparcimiento: se debe estar CONTÍNUAMENTE haciendo cosas, descansar es de vagos, UNA VEZ CONSEGUIDO ALGO, YA NO VALE!! SE PASA INMEDIATAMENTE A LA SIGUIENTE TAREA DE LA LISTA. LA QUE SEA!! (Ahí pesa mi querido Padre).

                Por qué explico esto? Si he aprendido que hay que ayudar a todo el mundo, lo merezca o no, y que una vez conseguido algo, ya no tiene valor, y que descansar y reflexionar es de vagos… CÓMO VOY A VALORAR LO QUE HAGO?? CÓMO VOY A TENER AUTOESTIMA??

                Llego así a la conclusión de que, habiendo estado acostumbrado a ir de árbol en árbol, sin ver el final, a solucionar problema aislado tras problema aislado, sin un rumbo claro... ME HE PERDIDO LA HERMOSA VISIÓN DE UN BOSQUE INFINITO que es la Vida, que es maravillosa, aunque difícil… Y que he tardado TODA UNA VIDA en QUERERME y QUERER A LOS MÍOS. A los que se lo merecen, al menos. Y que soy RESPONSABLE DE MÍ MISMO, NO DE LOS DEMÁS!! Ahora, a veces me arrimo a algún árbol, pero trato de admirar y de no perder de vista… MI QUERIDO BOSQUE.

 

Comentarios

  1. Que razón tienes, lamentablemente parece que la vida siempre va deprisa y no tenemos tiempo para descansar, tener tiempo para nosotros, cuidarnos... y luego esto genera muchos problemas. Esos pensamientos de estar sin hacer nada y pensar que somos vagos... que buena la terapia que nos ayuda a entender que hay tiempo para todo, y sobre todo, para querernos y cuidarnos!

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