CAMBIAR DE PUNTOS DE VISTA: “VIAJAR” CON LA MENTE

 

    Desde que aparecieron nuestros ancestros más antiguos sobre la faz de la Tierra, nuestra especie se encuentra inmersa en un continuo viaje. Al principio, “físico”, geográfico. Nuestros antepasados se desplazaban por el territorio en busca de recursos, ya fueran alimentos (hasta hace nada hemos sido Cazadores-Recolectores, y aún quedan muchas culturas nómadas) como materiales para construir nuestras viviendas, ropajes, armas, herramientas, etc.

 

                Otra forma de viajar, quizá provocada por los cambios en las condiciones del clima y el medio, han sido las sucesivas oleadas de migraciones entre África, Europa y Asia, a menudo entre una gran Glaciación y otra. Los registros fósiles de homínidos, hallados en diversos lugares de estos continentes, apuntan a que se produjeron dichos desplazamientos. También empieza a haber consenso entre investigadores acerca de que, a medida que se producían esos movimientos, también se daban encuentros entre diferentes culturas, e incluso entre diferentes especies humanas. Hoy en día sólo encontramos en el planeta una especie de homínido bípedo, dado que especies muy cercanas a la nuestra, sobre todo los grandes simios, se nos parecen mucho, pero constituyen una rama de la Evolución que se separó de la nuestra hace bastante tiempo.

 

                Y curiosamente, cada vez existen más evidencias que nos indican que se produjeron intercambios genéticos entre esas distintas especies humanas, la más clara de las cuales parece ser entre nuestra especie (Homo Sapiens Sapiens) y los Neanderthales (Homo Sapiens Neanderthalensis). Esa podría ser la explicación al fenómeno de que los hombres de Cromagnon (nosotros) aún estemos aquí, mientras que los hombres de Neanderthal ya no estén presentes. Una buena respuesta podría ser que se mezclaron con nosotros.

 

                Otros intercambios genéticos se produjeron entre distintas poblaciones de nuestra especie, muy separadas geográficamente, pues al parecer, nuestros antepasados tenían clara la idea de que el mestizaje casi siempre mejora las cualidades de los descendientes de esa mezcla. Un ejemplo reciente y que está dando mucho que hablar es el de los llamados Denisovanos, así nombrados por los hallazgos encontrados en las cuevas de Denisova, hacia el Este de Siberia. Aparte de interesantísimos restos de huesos, enterramientos, utensilios, etc., lo más sobresaliente parece ser un gen propio de esa población, y que en la actualidad se encuentra en poblaciones nativas del Himalaya. Al parecer, dicho gen “Denisovano” permite a los individuos que lo poseen vivir y trabajar en entornos pobres en oxígeno, como son las montañas en las que se asientan; lo cual redunda en la evidencia de que la variabilidad genética favorece la adaptación al medio, mientras que la endogamia genera problemas de salud (léanse los casos de enfermedades entre familias reales europeas).

Comentarios

  1. Que interesante tu publicación y la información que aportas sobre la antiguedad.

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